domingo, 20 de febrero de 2011

El personaje Ruth y el personaje Hannah

Me han regalado hace nada ‘Sexual-mente’, de Nuria Roca. No pregunten. El libro es cortito y se lee en dos sentadas, asi que me ha durado menos de un fin de semana. Es una de esas cosas que no puedes decir si están bien o mal escritas, porque su función la debe cumplir, y para eso está. Tampoco acierto a adivinar si realmente lo ha escrito quien lo firma –que me perdone Nuria Roca, pero es una pregunta inevitable–, y sobre si todo es verdad o es mentira, ya hay un par de capítulos dedicados a decir que ni sí ni no, sino todo lo contrario. Que está escrito con plantilla, eso ya os lo digo yo.

En ‘Una mujer difícil’, de John Irving –adaptación al cine con Jeff Bridges y Kim Basinger hace unos años–, la protagonista, Ruth, es una escritora a la que su amiga Hannah le tiene detectado un ‘tic’ recurrente –y ese símil es un tic recurrente de Irving, pero dejémoslo para otro momento–: las recrea a ambas en cada novela. Por un lado, el ‘personaje Hannah’, una mujer desinhibida y, a juicio de la narración, un poco zorra. Por otro, el ‘personaje Ruth’, la protagonista, más mojigata y moderada, pero que suele despendolarse gracias a la amiga.


En ‘Sexo en Nueva York’ tenemos, como decía Brian Griffith –el perro de ‘Padre de familia’–, a tres prostitutas y su madre. A efectos prácticos, a tres cursis superficiales y estúpidas y a Samantha, Kim Cattral, haciendo de zorra para que ellas lo parezcan menos. Pero de muy muy zorra. No he llegado a ver suficientes capítulos como para verle las tetas tan a menudo como otros, pero recuerdo un diálogo en que Charlotte –la morena estreñida– le pregunta si su vagina tiene visitas turísticas “porque siempre está abierta”.

En ‘Ally McBeal’, para que ella y sus amigas petardas no nos pareciesen tan insoportable, estaba Jane Krakowski haciendo de la ‘secretaria cachonda’. Pero les salía el tiro por la culata, porque ella y ‘Bizcochito’ eran los únicos personajes que parecían meridianemente simpáticos. La serie iba de progre, pero a la mínima le atizaba al personaje de la Krakowski, “por zorra”, que daba asco. Será un trauma de mi mente adolescente, pero a mi la actriz me sigue dando un morbo de la leche sólo por ese papel. Que su personaje en ‘Nine’ lo hiciese Penélope Cruz me causó casi el mismo trauma que la superposición Antonio Banderas/Daniel Day Lewis. Pero eso, mejor otro día.

En fin. Nuria Roca tiene en su libro una “amiga Esther”. La procaz, en el fondo, en la forma y en el habla, que lo prueba todo antes que nadie y va repartiendo consejos, que escandaliza, o al menos obliga a hacerse las escandalizadas, a las demás, y se tira a todo bicho viviente, de vez en cuando de uno y otro sexo. La protagonista –que vamos a llamar Nuria Roca, aunque el libro podría haberse escrito con plantilla para que encajase cualquier otra famosa televisiva con cambiarle un par de detalles– acaba haciendo caso a sus recomendaciones con relativa timidez al principio pero disfrutando como una enana finalmente. Ejem. 


Hay un capítulo en que Nuria habla de esa tía que hay en todas las familias que se harta de viajar y es tela de progre. Admite el tópico tal cual, como lo son el resto de personajes del libro, incluyendo a Eduardo, el editor, que hila un capítulo con otro en virtud de lo locos que supuestamente se están volviendo el uno al otro. Y ella lo deja por escrito para que vaya a imprenta. Qué guay. En otro, habla de que un novio le decía que las revistas de moda femenina parecen hechas para tíos, por la cantidad de fotos de señoritas en ropa interior y cara de viciosas. Hombre, a lo mejor son para lesbianas. Pero vamos.

El libro de Nuria Roca, cámbiale una coma allí y un localizador allá, parecería una recopilación de entradas del blog ‘La cama de Pandora’, en elmundo.es, que firma Pandora Rebato –y su gato Prometeo–, periodista de edad indeterminada y que disfruta de su sexualidad alegremente. Ella tiene una amiga Lucía y una amiga Elena, y sus anécdotas son como los argumentos de ‘Cuentamé’ o ‘Rome’: como no se trata de ser verosímil, sino representativo, y todo tiene que pasarle al mismo protagonista, pierden gracia por acumulación.

Antes de seguir, hay una película, ‘Las mujeres perfectas’, dirigida por Frank Oz, la voz de Yoda, y protagonizada por Nicole Kidman. Christopher Walken “robotiza” con un chip en la cabeza a todas las hembras de un pueblecito perdido para que se comporten como zombies, perfectas amas de casa de los 50. Lo gracioso del engendro es que, aunque Nicole y sus amigas –una gorda progre y un gay, que junto a ella, mujer profesional, desafian el orden patriarcal establecido– ganan, da como lección que “no es necesario nada perfecto”.

Es decir, que el rollo cincuentero si que es perfecto, sólo que “no hace falta” aspirar a él. A, ninguna de las zombificadas femizonas se divorcia de los capullos de sus maridos que permitieron la robotización –todos menos el de Nicole–. Y en la relación del amigo gay, él, como más ‘amanerado’, tiene el rol de la chica. Pero, eh, la peli es feminista. ¿No ven que la mala al final es Glenn Close?

Como ya sabemos que no hay nada más machista que una mujer machista, y que además el machismo se transmite por vía materna, ¿para qué se escriben todas estas historias de mujeres liberadérrimas que tiene que fingir, básicamente, que la que lo está más que ellas es una zorra? Tampoco es que haya que caer en el “soy puta pero mi coño lo disfruta”, para empezar porque... ¿eres puta por follar mucho y bien? ¿O vivir tu sexualidad es hacer realidad fantasías masculinas? 


No, en serio. No hay nada más machista ni absurdo que la literatura “para mujeres”. Susan Tamaro –que escribe de eso, aunque le pese– se quejaba de que la gran liberación de la mujer se quedó en apenas sexual, y porque les convenía a los hombres. No iría tan desencaminada, la señora. Y todavía me estoy preguntando para quién exactamente está escrito el libro de Nuria Roca, pese a que tenga momentos geniales como en los que echa en cara a sus amigas que le exijan a cada tío que sea un atleta sexual mientras ellas no se preocupan en absoluto de dejarlo satisfecho –o satisfacido, según el día–.

Otra cosa bastante irritante de ‘Las mujeres perfectas’ era que los maridos quieren esposas zombie para poder pasar el día... bebiendo, fumando y peleando con coches teledirigidos. Vale que es una comedia, una especialmente idiota –por Nicole necesitaba pasta y Frank Oz iba borracho–. Pero tócate los cojones. El machismo asigna roles a todos. Como dice el chiste “Me dicen gay porque no me gusta el fútbol, pero en realidad soy gay porque me gusta comer pollas”.

A servidor, asín, por darle un toque personal, lo que vienen siendo las pollas como que no. El fútbol si. Pero no fumo –y un puro no es siempre un puro, “machotes”– y odio los coches y casi todo lo que tenga ruedas. Y veo ‘The Good Wife’ y me encanta. Sobre todo, me pregunto por qué no deja de una puta vez Julianna Margulies al capullo de Mr. Big.

Aparte, lo de lanzar hojas al aire mientras chillo y me golpeo el pecho rítmicamente, para ahuyentar a otros machos que puedan arrebatarme el dominio de la manada, no lo llevo mucho. Lo dice Leonard en ‘The Big Bang Theory’. En la era de la Información, nosotros somos los machos alfa. Marcamos paquete con sms o entradas del blog. O con reportajes. O no.

Y como diría Ian Malcolm, otro que tal bailaba, intentando integrar chulería y empollonismo –un Indiana Jones de la vida, quizás–: “Aquí estoy yo, hablando sólo. Eso, eso es la teoría del caos”.

Nos vemos en un flash.

(Y las ilustraciones, de 'Sócrates, el semiperro' y 'Las olivas negras', con Sfar, judío francés, en toda su gloria).

4 comentarios:

Alisa dijo...

Odio a Ruth, pero me encanta la mujer del perro de tu viñeta. Y sí, la literatura para mujeres es peor que leer deprisa uno de tus posts ;)

Advenedizo dijo...

¿Odias a Ruth simbólicamente o te has metido entre pecho y espalda 'Una mujer difícil'?

(Está escrito a esa velocidad, de ahí la dureza... ¡actualiza el pamplemousse!)

Alisa dijo...

Entre pecho y espalda... a pesar de Ruth. Nunca odio de forma simbólica...

Advenedizo dijo...

¿Si se odia a un personaje que no existe, no es odiar simbólicamente aquello que representa? ¿Qué te molesta de Ruth? ¿Eres más de Hannah? (Yo soy fan del policiía holandés cuyo nombre no recuerdo, el mejor novio de superheroina que conozco a este lado del Atlántico).